La temporada de verano arrancó con señales de alerta en la provincia de Buenos Aires. Los primeros registros oficiales muestran una merma en la llegada de visitantes, una reducción en la duración de las vacaciones y un marcado derrumbe del consumo, con especial impacto en los destinos de la Costa Atlántica.
Entre el 1 de diciembre y el 12 de enero, la provincia recibió alrededor de 3,6 millones de turistas. Si bien el distrito continúa siendo el principal destino del país, la cifra refleja una baja sostenida: hubo menos visitantes que el año pasado y una diferencia aún mayor respecto de temporadas anteriores, con cientos de miles de turistas menos en circulación.
La caída no solo se expresó en la cantidad de arribos. También se registró una disminución en la estadía promedio, lo que confirma una tendencia a vacaciones más breves y ajustadas. Este comportamiento se profundizó a medida que avanzó diciembre y condicionó el movimiento turístico en los primeros días del verano.
El dato más crítico se observa en el consumo. El gasto turístico acumulado presenta una retracción superior al 20%, con picos aún más altos en las localidades costeras. Herramientas de incentivo al consumo mostraron una fuerte desaceleración y la ocupación hotelera promedio se ubicó por debajo de la temporada pasada.
El escenario general traza un verano más austero, con menor circulación de dinero y un impacto directo en comercios, servicios y trabajadores vinculados al turismo. La combinación de menos turistas, estadías más cortas y bajo nivel de gasto configura una temporada que deja expuesta la dificultad de amplios sectores para sostener el descanso vacacional y golpea de lleno a las economías locales que dependen del movimiento estival.



