A menos de 24 horas de la asunción de los nuevos concejales, la discusión por la presidencia del Concejo Deliberante del Partido de La Costa generó un sacudón político.
Aunque el oficialismo, encabezado por Fuerza Patria, obtuvo en septiembre un triunfo legislativo, superando por más de 12 puntos a la segunda fuerza, sectores del PRO, la UCR y La Libertad Avanza empujan un acuerdo para arrebatarle la conducción del cuerpo.
La filtración de una imagen tomada en un local partidario de La Libertad Avanza desató el debate. En la foto se observan referentes opositores reunidos alrededor de una mesa, entre ellos Roxana Cavallini, ex candidata liberal. La ausencia de Elizabet Villalva, concejal electa por ese mismo espacio, agregó ruido interno y abrió interrogantes.
Para el oficialismo no hay dudas: la jugada implica un intento de “romper la voluntad popular” expresada de manera contundente por los vecinos.
“En Nación ganó La Libertad Avanza y preside el Congreso. En Provincia ganó el peronismo y preside la Legislatura. Pero en La Costa, donde el peronismo fue la fuerza más votada, quieren hacer lo contrario”, señalan en el entorno de Fuerza Patria.
Aunque la intención de desplazar al oficialismo costero parece disruptiva, existen algunos pocos antecedentes en distintos puntos del país donde la fuerza que ganó las elecciones no presidió la legislatura local por acuerdos interbloques o reacomodamientos pos-electorales.
Sin embargo, a diferencia de esos casos críticos donde hubo elecciones reñidas o cámaras fragmentadas, en el Partido de La Costa la situación fue muy diferente, ya que la diferencia fue marcada.
En ese marco, la posibilidad de que una coalición minoritaria intente conducir el HCD aparece como un gesto que tensiona la institucionalidad y se aleja del estándar democrático vigente en los principales niveles del país. “Quieren hacer en La Costa lo que no pueden hacer ni en Nación ni en Provincia”, apuntan desde sectores oficialistas.
Para este jueves a las 17 se convocó el acto de asunción de concejales, que adquirió un componente simbólico inesperado: ya no será solo la jura de nuevos ediles, sino también el escenario donde se pondrá a prueba si se respeta o no lo que votó la mayoría.


